Siempre tuve espíritu viajero. Cuando era pequeña no conseguía imaginarme viviendo en el mismo lugar, en el mismo barrio. La edad me ha dado calma, sigo soñando que estoy en otra piel y cada día reinvento mi existencia muy lejos. Ni siquiera la Navidad me proporciona otro tipo de añoranza, de la que siente todo el mundo sobre su niñez. Alguna vez los recuerdos de cuando era pequeña me han asaltado donde menos lo esperaba. Pero dura poco. Sé que es sólo mi diatriba mental, me gusta zascandilear por cualquier lugar del mundo, con mi imaginación. Siempre he preferido inventar un mundo nuevo, que no comparto con nadie. Estas fotos son de un viaje cercano, cuando me alejo de verdad de todo, no sólo imaginariamente. En los países que visito me gusta soñar con los lugares que habitan otras personas. ¿Querrán estar en mi lugar también esas personas?
Este blog es un sueño cumplido: el sueño de escribir a cualquier hora y desde cualquier sitio.
martes, 27 de diciembre de 2011
martes, 22 de noviembre de 2011
Saber contar
Otoño en la Sierra
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| Foto: Carmen. |
Hace unos días vi una película de esas que muerden la inspiración. Era una historia dura contada de una forma muy sencilla, como suelen contarse las mejores historias. La clave está en oír como alguien empieza a contarla. La películas que más me gusta empiezan igual, desde ese momento ya me enganchan, al igual que un buen libro.
García Márquez dice que saber contar es un don, o se nace con él o puedes aprender a escribir más o menos bien pero nunca sabrás contar. Hay gente que sin saber leer y escribir, sabe contar. Sabe unir una palabra detrás de otra, una frase detrás de otra, marcando un ritmo que mantiene en vilo al que escucha la historia, lo sumerge en sus entresijos y de pronto, como si de magia se tratase, se ve envuelto por el ambiente del personaje principal. Los relatos se repiten en tu mente después y piensas cómo el autor ha llegado a la misma conclusión que tú, cómo sabe tus pensamientos más íntimos, cómo ha definido con tanta exactitud momentos de tu propia vida.
Pues la última película que he visto es de ese tipo. En una de las secuencias, uno de los personajes secundarios dice a uno de los protagonistas: "El valor, a veces, se salta una generación". Esta es hoy la palabra: Valor.
martes, 1 de noviembre de 2011
Ruidos ...
Acabo de despertar de un sueño a destiempo. Y lo he hecho con la mente poblada de recuerdos. En esta ocasión no han sido los olores, han sido los ruidos. Me había mudado de casa y lloraba desesperadamente por volver a la de mi infancia. Quería seguir escuchando los ruidos de mi barrio, los gritos de los más pequeños jugando, las madres llamándolos para merendar. La tarde cayendo, buscando la noche. Sí, quería seguir escuchando a mi madre trasteando en la cocina, en mis ruidos de la infancia no estaba el televisor encendido, solo un trajinar de labores domésticas que a mí me relajaba. Al fondo, el silencio.
Creo que hay un tiempo en la vida en que alguien hace lo posible porque seamos felices, aunque no lo consiga y, en otra parte de esta misma vida, somos nosotros los que peleamos por hacer felices a otros. ¿Serán los ruidos que yo hago ahora los que llenarán los recuerdos de mis hijos? Parece diferente, hoy hay ordenadores que emiten sus propios sonidos, televisores en las habitaciones. Quizás no nos escuchemos tanto a nosotros mismos, yo lo hago a menudo sobre todo cuando habito en ese estado entre la vigilia y el sueño.
Me parece una foto preciosa....
miércoles, 19 de octubre de 2011
Sobre las nubes
Nubes. He cambiado la foto de entrada porque aquí el otoño no acaba de llegar. Puede que sirva de conjuro y nos traiga un poco de frescor, ya lo estamos necesitando. Y es que, aunque no es el primer año que ocurre, no acabamos de acostumbrarnos a comernos las castañas cuando aún hace color, ni siquiera aquí en el Sur.
Con las estaciones me pasa como con el devenir diario. Cuando espero algo, si no llega, me decepciono, paso el rato como si una tarde de domingo se tratara. Las tardes de domingo sólo son la antesala del comienzo de la semana, deja de existir el día de fiesta y entra en un compás de espera cuya sensación no desaparece hasta bien entrado el lunes. Son decepcionantes.
Me desvié del tema. Decía que me gustan las estaciones, el cambio. No sé si es la costumbre, los recuerdos o el alma inquieta. Conozco a unos cuantos canarios y he descubierto que tienen un carácter muy monótono, como si les faltar pasión. Y estoy convencida de que el carácter viene de la mano del clima, sobre todo desde que viví en Asturias.
Ayyyyyy Asturias! Allí me volví más seria, más triste. No miraba al cielo, me cansé de no ver la luz azul durante meses. Sin embargo, reconozco que después he echado mucho de menos esos días. Hasta ese tiempo, el recogimiento, la lluvia. Hace poco fui a Santiago de Compostela (la segunda vez), a principios de septiembre. Cuando me bajé del avión todos estos recuerdos se me echaron encima después de tantos años. Y todo por el tiempo, el olor, el aire. Hasta tal punto que llegué a afirmar que si algún día tuviera la oportunidad, dividiría mi vida entre el invierno del Norte y la primavera-verano del Sur.
Allí era todo lo contrario, el que se hacia esperar era el verano, han sido los inviernos más largos de mi vida. El frío impregnaba mi alma pero tenía una fuerza aquella tierra... Cuando me viene la añoranza, cierro los ojos y veo una playa en el mes de noviembre, una casa con una cocina de carbón, una anciana encantadora ofreciéndome calor. También veo un faro (Peñas), un acantilado, los percebes, un mar de verdad, fuerte y frío, temperamental.
Cuando eres joven y piensas que la vida seguirá por mucho tiempo; cuando todavía no te ha asaltado la certidumbre de que todo puede terminar en cualquier momento; cuando todavía no has visto morir a alguien que jugó contigo en el colegio o en el zardiné de tu casa; cuando no conoces una palabra tan fea como es alzheimer. Sólo entonces puedes dejar pasar la vida sin aprovechar cada minuto, oler la sal y la humedad, el chorizo ahumado, la hierba "orballada", el mar invernal, la lavanda de una casa que fue un poco tuya.
Y a estas alturas todo queda reducido a la añoranza. Lo dicho, un alma inquieta.
Con las estaciones me pasa como con el devenir diario. Cuando espero algo, si no llega, me decepciono, paso el rato como si una tarde de domingo se tratara. Las tardes de domingo sólo son la antesala del comienzo de la semana, deja de existir el día de fiesta y entra en un compás de espera cuya sensación no desaparece hasta bien entrado el lunes. Son decepcionantes.
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| Fotos mías un día de principios de septiembre |
Me desvié del tema. Decía que me gustan las estaciones, el cambio. No sé si es la costumbre, los recuerdos o el alma inquieta. Conozco a unos cuantos canarios y he descubierto que tienen un carácter muy monótono, como si les faltar pasión. Y estoy convencida de que el carácter viene de la mano del clima, sobre todo desde que viví en Asturias.
Ayyyyyy Asturias! Allí me volví más seria, más triste. No miraba al cielo, me cansé de no ver la luz azul durante meses. Sin embargo, reconozco que después he echado mucho de menos esos días. Hasta ese tiempo, el recogimiento, la lluvia. Hace poco fui a Santiago de Compostela (la segunda vez), a principios de septiembre. Cuando me bajé del avión todos estos recuerdos se me echaron encima después de tantos años. Y todo por el tiempo, el olor, el aire. Hasta tal punto que llegué a afirmar que si algún día tuviera la oportunidad, dividiría mi vida entre el invierno del Norte y la primavera-verano del Sur.
Allí era todo lo contrario, el que se hacia esperar era el verano, han sido los inviernos más largos de mi vida. El frío impregnaba mi alma pero tenía una fuerza aquella tierra... Cuando me viene la añoranza, cierro los ojos y veo una playa en el mes de noviembre, una casa con una cocina de carbón, una anciana encantadora ofreciéndome calor. También veo un faro (Peñas), un acantilado, los percebes, un mar de verdad, fuerte y frío, temperamental.
Cuando eres joven y piensas que la vida seguirá por mucho tiempo; cuando todavía no te ha asaltado la certidumbre de que todo puede terminar en cualquier momento; cuando todavía no has visto morir a alguien que jugó contigo en el colegio o en el zardiné de tu casa; cuando no conoces una palabra tan fea como es alzheimer. Sólo entonces puedes dejar pasar la vida sin aprovechar cada minuto, oler la sal y la humedad, el chorizo ahumado, la hierba "orballada", el mar invernal, la lavanda de una casa que fue un poco tuya.
Y a estas alturas todo queda reducido a la añoranza. Lo dicho, un alma inquieta.
jueves, 6 de octubre de 2011
"Seguir hambrientos. Seguir alocados"

Muy temprano, antes de iniciar la rutina diaria, leí las primeras o "Inicio" de las webs de El País y El Mundo. Me gusta saber temprano cuáles serán las claves diarias de la actualidad. Ahora no tengo que salir de casa y comprar el periódico, gracias a la magia de internet, cada noche, antes de acostarme, miro la última hora y por la mañana, mientras preparo el café que despierta mis sentidos, le echo un primer vistazo a lo que ha dado de sí el mundo en mis escasas horas de sueño.
En fin, a lo que voy. Hoy me encontré con la muerte de Steve Jobs. Abrían con una foto de él en una de sus comparecencias, no la última, porque todavía no estaba desmejorado. Solo, ante una enorme pantalla. En un escenario, estéticamente sencillo -como todo lo que hacia-, pero contundente. La imagen la asocié con una información de hace unos días, la renovación de un nuevo modelo de teléfono, con más de todo. No atendí a los titulares.
Cuando comprendí lo que había ocurrido pensé que la muerte no sabe de éxitos, de dinero, de posibilidades, no sabe de vida.
He escuchado durante todo el día las informaciones sobre la muerte de Steve Jobs y una de ellas hizo que mi primera cita con el ordenador -después de traer a mi hija del parque- fuera buscar el discurso que este visionario dio en la Universidad de Stanford. Desde que se anunció su muerte había recibido 7 millones de visitas. Me pregunté: ¿de verdad hay tanta gente en el mundo sensible a la muerte de un solo hombre? Mueren 1000 niños diarios o más en Somalia y nos han estado bombardeando cada día del verano con las fotografías de estas muertes en las ediciones de los periódicos. No he escuchado que ninguna imagen de esta tragedia recibiese tantas visitas. Y también cambian el mundo.
De todas formas, después de ver el vídeo -porque la curiosidad ya me podía- reconozco que Jobs no era sólo un visionario sino una persona especial. Ante cientos de estudiantes estadounidenses fue sincero y les recomendó algo muy sencillo que muchos hemos olvidado: hay que seguir la intuición y al corazón. Y, sobre todo, hay que preguntarse cada día si seguiríamos haciendo lo que hacemos si supiésemos que íbamos a morir. Si la respuesta es no, hay que cambiar.
One more thing. Hoy la palabra es cambiar. Y: Seguir hambrientos. Seguir alocados.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Primeras vivencias o...recuerdos
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| Atardecer en Valdelagrana |
Hablando de recuerdos... A veces hago un gran esfuerzo por poner en pie mis primeras vivencias pero sólo consigo algunos retazos. Mi madre aparece en la mayoría. Uno de los más nítidos es un patio interior, blanco y una mecedora. A mi alrededor macetas de helechos, geranios, gitanillas. El suelo de baldosas amarillas. Al fondo una puerta sin puerta, con una cortinilla. Arriba, en la pared compartida con mi vecina Catalina, un presentimiento de aparición. Lloro sin consuelo ni motivo, un llanto perreoso de niña infeliz, quizás asustada... en una continua búsqueda.
Unos brazos me acunan y un canturreo me hace entrar en el sueño, que no es tal porque mis sentidos están despiertos, atentos a amenazas. Los caniculares, la noche o la Mano Negra vendrá y te llevará... "Vete Mano Negra, que mi niña es buena". Sin embargo, el desconsuelo sigue. No sé bien por qué, todavía a veces lo siento más de 40 años después. Nada me ha librado de él; a veces está más distraído y otras más lleno, pero siempre está. Será una característica de mi alma.
Hoy la palabra será retazos, es de lo que está hecha la vida. Cómo si no recordarla.
martes, 27 de septiembre de 2011
En poco tiempo
El cansancio me puede esta noche. La lucha diaria me deja extenuada y, a pesar, de amar un portal como este, no llego a sus páginas en blanco. Un mes de trabajo intenso y pararé un poco, me tomaré un tiempo para vivir, no para sobrevivir.
Siempre esta hora es la mejor para recordar. El problema es que, a veces, sólo a veces, los recuerdos son un viaje que en la mente quieres seguir por otro camino que no es el escogido. Qué hice bien, qué hice mal? Qué hubiera pasado si... Cómo estaría ahora con... Entonces la imaginación te lleva lejos. A otro país en el que sólo estuve en pensamiento, en deseos, y siento añoranza. No es comprensible porque es difícil sentir añoranza de lo que no se ha vivido, solo imaginado. Pero así es.
Quizás todo suceda porque en el fondo siempre sientes un descontento, una insatisfacción con lo que te tocó vivir. Pero todo fue consecuencia de una elección. Lo único que no se elige es la familia a la que perteneces, no la que tu creas. Tampoco se elige siempre lo que trae el destino. Por ejemplo, la niña de la imagen ha sido una elección, una de las acertadas.
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