El paso del tiempo

martes, 16 de noviembre de 2010

Por si las moscas...

El comentario de hoy va dedicado al Sr. Puigcercos, este político catalán que no conoce Andalucía ni le interesa. Lo publico en este blog por si las moscas, es decir, por si no aceptan publicarlo en el suyo que es donde originariamente lo escribí:

Sr. Puigcercos he contado hasta mil o más antes de contestarle. Y, después, he seguido contando. No sé de verdad qué es lo que pretendía cuando ha hecho esa afirmación sobre los andaluces porque creo que, si dice la verdad, qué tontos deben sentirse los catalanes acostumbrados siempre a ser los listos de la película. Y, si su afirmación es mentira, qué frustración debe sentir usted y quienes piensan lo mismo por su ignorancia.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Otoño, otoño, otoño.

Cuando era pequeña, septiembre era como un nuevo comienzo. En este mes, la luz se vuelve traslúcida, el cielo parece recién pintado de azul, azul intenso. Es como si estuviera más cerca, el cielo, me refiero. Pero de todos los elementos que me hacen recordar septiembre, hay uno que me traslada a este mes: el olor de una olla express en funcionamiento, es decir, el olor a cocido, puchero, potaje, a la hora de la merienda. Sí, porque un potaje por la mañana no huele igual que por la tarde, o, al menos, a mi me parece diferente. Y es que en mi pueblo, septiembre era el mes del comienzo de la recogida de aceituna y el ritmo del día cambiaba por completo. Las mañanas era silenciosas, hasta el movimiento de los coches, de la gente, se ralentizaba. Todo se trasladaba a las tardes. Ahora se sigue recogiendo la aceituna pero todo ha cambiado. Casi no huele a comida en la merienda; por las mañanas la gente fluye dando vida a las calles y los "cogeores" vuelven antes de comer. Se acabaron las jornadas maratonianas en las que se trabajaba hasta las cinco de la tarde en el tajo. Así llegaba el otoño en mis recuerdos; septiembre acababa casi sin verlo y el frío entraba un buen día, cuando el alma pedía a gritos que las tardes se acortaran y los hogares se volvieran el refugio de nuestra memoria. Otoño, otoño, otoño.

viernes, 22 de octubre de 2010

Contar historias

Hace tiempo me ronda por la cabeza una historia a la que no soy capaz de darle forma. Hay días que se hace grande en mi interior y casi llego a contarla en voz alta. Normalmente coincide con la noche y siempre con las horas más bajas de ánimo. No sé donde escuché que, para escribir una buena historia, hacia falta haber sufrido mucho. Lo cierto es que cuando una llega al fondo o, mejor dicho, cuando está intentando atagarrar hacia la superficie, es cuando la voz interior te atrapa, te coge por el cuello y hay momentos en los que no se puede respirar. Sin embargo, a pesar de todas oportunidades, yo misma me pogo una y otra vez trabas para no comenzar o, mejor dicho, para no proseguir. El inicio está en un archivo de mi ordenador. Lo cierto es que, cuando me enfrento a esa página, siempre pienso que necesito leer más, sentir más, observar más y aprender más. Y lo peor es que cuanto más aprendo, más leo y más siento, más me niego la posibilidad de escribir mi historia. Es miedo, pudor, inseguridad. No lo sé. Por esa razón he tardado tanto en volver a entrar en este blog. Ahora estoy aquí para acabar con las razones de este "no escribir". Y porque hacerlo siempre me ha dado vida. Escibrir, en positivo, es la palabra de hoy.

domingo, 3 de octubre de 2010

Buscando palabras...

Empiezo este blog y se me aturullan las palabras en la cabeza. Es como si yo misma me estuviese poniendo impedimentos para hablar o, mejor dicho, para escribir. Y es extraño porque ojalá hubiese tenido a mi disposición -desde que comencé a conocer el mundo de las palabras- este medio para plasmar pensamientos y vivencias. ¡Cuánto habré hablado conmigo misma Dios mío! Desde pequeña tengo esa sana costumbre, que empeora con el tiempo claro está. A veces no me bastaba con pensar y expresarlo con mi voz interna, así que cogía boli y papel y escribía, simplemente por el placer de hacerlo. Cuando tocaba llorar con lo escrito, lloraba. Pero pocos placeres en mi vida han sido tan constantes, tan duraderos y tan míos. Por eso quiero en este blog rendir homenaje a las palabras. Precisamente ayer fui al cine a ver Come, reza y ama, y la protagonista de la película decía que todos tenemos una palabra que nos identifica, nos menciona o va pegada a nuestro ser. A mi me gusta muchas palabras, no sé si podría reducir a una mi ser. No obstante, me he propuesto que, cada vez que entre en mi blog, nombraré una. Hoy le toca el turno a una palabra que conocí durante el primer año de carrera y que me trae muy buenos recuerdos. Sí, no siempre se puede decir que una sola palabra te traiga recuerdos. Y menos aún que sea entrañables. Verbigracia es hoy mi palabra, que da título a este blog, por cierto. Fue también el título de una revista publicada por una generación de periodistas que nació en el Centro de Profesiones de Sevilla en 1985. Un día de estos hablaré de ellos. Por hoy es suficiente.