Hace años que admiro y leo a Maruja Torres. Siempre me parece que con sus palabras llega al corazón de todo. Despelleja cada palabra para sacarle su contenido y transformarla en algo vivo con significado, significante y alma. Hace unos días, en un espacio que cada domingo dedica a escribir, decía que cuando era una adolescente tenía miedo y solo la lectura la salvó y la hizo fuerte. Saber que otros sienten lo mismo que tú te da fuerzas y te enseña a entender que no estás sola en el mundo.
Algo parecido sentía yo cuando me metía debajo de las sábanas, del "tapijo", para leer con una linterna. Era una adolescente asustada, con apenas recursos, que sentía una necesidad apremiante de leer y escribir. Había noches -casi todas- que la única manera de conciliar el sueño era dejando volar mi alma desosegada. Al hacerlo me daba un nuevo plazo para calcular cuánto me quedaba de vida y si encontraría el mundo de los libros al alcance de mi mano, de mi cuerpo entero.
Aquellas cuatro paredes blancas de una pequeña habitación me asfixiaban y cuanto más corría, más lentos resultaban mis pasos. Sí, la lectura me salvó. Ya entonces pensaba cómo aquel hombre (el escritor) al que no conocía de nada, podía haber sentido lo mismo que yo. Entonces llegaba el momento de fantasear e imaginaba siempre que había una guerra. Era lo único que se me ocurría para desmontar mi vida y salir de aquella situación familiar que me ahogaba.
Lo demás forma parte de los sueños de cada noche. Por la mañana era otra persona que se encaminaba con prisas hacia el instituto, con el miedo de que hubiese desaparecido con los sueños de esa noche.
Este blog es un sueño cumplido: el sueño de escribir a cualquier hora y desde cualquier sitio.
lunes, 9 de mayo de 2011
lunes, 2 de mayo de 2011
Un lunes raro
Hoy es un lunes raro. De esos en los que la Semana no comienza, se hace esperar. Es la fiesta del 1 de Mayo pero no es 1 sino 2. Y hoy parece que se ha cerrado otra página de la historia porque por fin ha desaparecido de la faz de la Tierra un asesino múltiple: Bin Laden. He oído tarde la noticia que, desde la madrugada, abre y casi cierra todos los informativos. Ya he dicho que hoy es un día raro, es fiesta, y por esta razón relajo un poco mi actitud espectante de periodista en activo (por deformación profesional más que por trabajo) y, hasta muy entrada la tarde, no me he enterado de la noticia del día, o de la madrugada.
De tan relajada que estaba no me lo he creído. He visto a cientos de newyorkinos correando "¡USA!" (iu/es/ei) y creí que se trataba de los forofos, seguidores de cualquier equipo de baloncesto americanos que había ganado no sé que final. Me ha costado entender que Bin Landen estaba muerto, sobre todo porque decían que estaba en las profundidades del mar. Pero bueno!, qué significa ésto. Creen los americanos que pueden matar a semejante alimaña que se cargó a miles de personas y nos vamos a conformar con que nos den la noticia sin pruebas, sin ni siquiera una ridícula imagen de su muerte.
Pues así es, de momento al menos. Los informativos han realizado una composición por ordenador de la secuencia del asalto y de la muerte o, mejor dicho, ejecución, del diseñador del atentado de las Torres Gemelas. Precisamente, la zona cero, lugar donde estaban ambas Torres, se ha convertido hoy en centro de peregrinación y manifestación de alegría y dolor. Una mujer mostraba sus emociones encontradas. Decía que había soñado mucho con este momento y ahora estaba triste, desolada porque su hermano no iba a volver.
Ya ven en este mundo, de guerras y calamidades, la venganza servida en plato frío no siempre es decisiva para calmar el dolor de una pérdida. Porque entonces tendríamos todos que ser un poco criminales.
De tan relajada que estaba no me lo he creído. He visto a cientos de newyorkinos correando "¡USA!" (iu/es/ei) y creí que se trataba de los forofos, seguidores de cualquier equipo de baloncesto americanos que había ganado no sé que final. Me ha costado entender que Bin Landen estaba muerto, sobre todo porque decían que estaba en las profundidades del mar. Pero bueno!, qué significa ésto. Creen los americanos que pueden matar a semejante alimaña que se cargó a miles de personas y nos vamos a conformar con que nos den la noticia sin pruebas, sin ni siquiera una ridícula imagen de su muerte.
Pues así es, de momento al menos. Los informativos han realizado una composición por ordenador de la secuencia del asalto y de la muerte o, mejor dicho, ejecución, del diseñador del atentado de las Torres Gemelas. Precisamente, la zona cero, lugar donde estaban ambas Torres, se ha convertido hoy en centro de peregrinación y manifestación de alegría y dolor. Una mujer mostraba sus emociones encontradas. Decía que había soñado mucho con este momento y ahora estaba triste, desolada porque su hermano no iba a volver.
Ya ven en este mundo, de guerras y calamidades, la venganza servida en plato frío no siempre es decisiva para calmar el dolor de una pérdida. Porque entonces tendríamos todos que ser un poco criminales.
sábado, 26 de febrero de 2011
Tarjetas postales desde la infancia
Juan Cruz publica hoy en El País un reportaje de lo que significa la memoria para el ser humano: (http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Somos/infancia/elpepisoc/20110226elpepisoc_1/Tes)
Este fabuloso periodista, hace un recorrido por diversos autores literarios y por expertos partiendo de la presencia de Maragall en los Premios Goya y de su enfermedad, el alzhéimer. Dice que nuestra infancia vuelve a nosotros como postales o, más bien, este pensamiento se lo atribuye a Michael Krüger: "A veces mes escribe la infancia/ una tarjeta postal: ¿Te acuerdas?".
Pero aún me ha impactado más lo siguiente: "Según se pierden recuerdos uno se despide de sí mismo". Mi madre tiene alzhéimer, lleva tres años despidiéndose, no sólo de sí misma sino de todos los que la rodean. De mi se despidió hace tiempo, hoy soy su hermana. Al principio me buscaba en el cuerpo de una niña que ya no existía. Lloró durante semanas su pérdida, ahora se ha acostumbrado y no me nombra. Cuando la abrazo está segura de que su hermana la quiere y, de momento, con eso es feliz.
No se reconoce en el espejo e insiste en que la peinen y la pongan guapa, con pañuelos, pulseras, pendientes. Hasta deja que la empolvemos y le pintemos los labios. Hemos creado un mundo para que esté segura pero, a veces, ella vuelve repentinamente a otra realidad contradictoria que se niega a aceptar la que hemos creado para ella. Y vuelve a llorar y a gritar, y se revela con fuerza. Ha tenido una vida dura y para ella las postales no siempre llegan de un viaje seguro, sino de la desgracia, el padecimiento, la incomprensión, la pobreza y el maltrato. Ojalá hubiese sido diferente para que su mente enferma no le jugase estas malas pasadas.
Este fabuloso periodista, hace un recorrido por diversos autores literarios y por expertos partiendo de la presencia de Maragall en los Premios Goya y de su enfermedad, el alzhéimer. Dice que nuestra infancia vuelve a nosotros como postales o, más bien, este pensamiento se lo atribuye a Michael Krüger: "A veces mes escribe la infancia/ una tarjeta postal: ¿Te acuerdas?".
Pero aún me ha impactado más lo siguiente: "Según se pierden recuerdos uno se despide de sí mismo". Mi madre tiene alzhéimer, lleva tres años despidiéndose, no sólo de sí misma sino de todos los que la rodean. De mi se despidió hace tiempo, hoy soy su hermana. Al principio me buscaba en el cuerpo de una niña que ya no existía. Lloró durante semanas su pérdida, ahora se ha acostumbrado y no me nombra. Cuando la abrazo está segura de que su hermana la quiere y, de momento, con eso es feliz.
No se reconoce en el espejo e insiste en que la peinen y la pongan guapa, con pañuelos, pulseras, pendientes. Hasta deja que la empolvemos y le pintemos los labios. Hemos creado un mundo para que esté segura pero, a veces, ella vuelve repentinamente a otra realidad contradictoria que se niega a aceptar la que hemos creado para ella. Y vuelve a llorar y a gritar, y se revela con fuerza. Ha tenido una vida dura y para ella las postales no siempre llegan de un viaje seguro, sino de la desgracia, el padecimiento, la incomprensión, la pobreza y el maltrato. Ojalá hubiese sido diferente para que su mente enferma no le jugase estas malas pasadas.
viernes, 25 de febrero de 2011
Me faltan horas...
La vida me tiene ocupada y ni de escribir para mi tengo tiempo. Todo lo que he echado de menos siempre tener una plataforma como esta a mi disposición y ahora no llego a ella. Ya ven, no es por pereza solo que a mi día le faltan horas.
El tiempo pasa y se queda, como dice un buen amigo mío, y se nota en cada poro de la piel, en las ojeras, pero también en la prestancia. Llegó el momento de la madurez, la estabilidad. El instante antes de reconocer que un poco más allá está el declive del que eres consciente por parte de lo que te rodea. También porque va fallando la vista y ya no aguantas tantas horas de trabajo sin descansar aunque sea una media hora al día. Al menos, de momento, el optalidón y el colesterol está a raya. Por cierto, he buscado en "San google" la palabra optalidón y he decubierto, 40 años después de ver el primero, que, además de su acción analgésica contiene cafeína. Ahora me explico por qué mi madre decía a media tarde: "Me he tomado un optalidón (bueno decía exactamente ortalidón) y me he puesto más buena".
Me he desviado del tema
...Una vez escuché a otro buen amigo que él fue consciente de que se hacia mayor cuando un día se miró al espejo y reconoció en su imagen a la de su padre. Llevo muchos años reconociéndome en mi madre, no en el espejo pero si en una postura de manos, en la forma de suspirar, en la obsesión por el orden, la limpieza y los olores. Así que o bien llevo muchos años de madurez o soy una imitadora involuntaria. También puede que lo de hacer coincidir la vejez con la semejanza progenitora no se dé en todas las personas.
Pero estoy segura de que si mi amigo lo decía era una realidad porque nadie como él la describía con tan buenas artes. Cuánta emoción siento cada vez que leo aunque sea una carta suya, las tengo guardadas, al igual que sus correos porque es pura literatura. Un día escribiré de las personas especiales que he conocido a lo largo de mi vida. A veces me he sorprendido pensando en que todo hubiese sido distinto sin ellas. Hace más o menos un año me propuse contactar con aquellas que perdí en el camino, además de mantener las que nunca se fueron de mi lado. Hoy he recuperado su esencia y, después de 20 años o más, parece que no ha pasado el tiempo, es como si nos hubiésemos visto la tarde antes para tomar café.
Dario Fo dijo: "Lo que te da la medida de cómo has vivido es lo que le va a faltar al mundo cuando tú ya no estés".
El tiempo pasa y se queda, como dice un buen amigo mío, y se nota en cada poro de la piel, en las ojeras, pero también en la prestancia. Llegó el momento de la madurez, la estabilidad. El instante antes de reconocer que un poco más allá está el declive del que eres consciente por parte de lo que te rodea. También porque va fallando la vista y ya no aguantas tantas horas de trabajo sin descansar aunque sea una media hora al día. Al menos, de momento, el optalidón y el colesterol está a raya. Por cierto, he buscado en "San google" la palabra optalidón y he decubierto, 40 años después de ver el primero, que, además de su acción analgésica contiene cafeína. Ahora me explico por qué mi madre decía a media tarde: "Me he tomado un optalidón (bueno decía exactamente ortalidón) y me he puesto más buena".
Me he desviado del tema
...Una vez escuché a otro buen amigo que él fue consciente de que se hacia mayor cuando un día se miró al espejo y reconoció en su imagen a la de su padre. Llevo muchos años reconociéndome en mi madre, no en el espejo pero si en una postura de manos, en la forma de suspirar, en la obsesión por el orden, la limpieza y los olores. Así que o bien llevo muchos años de madurez o soy una imitadora involuntaria. También puede que lo de hacer coincidir la vejez con la semejanza progenitora no se dé en todas las personas.
Pero estoy segura de que si mi amigo lo decía era una realidad porque nadie como él la describía con tan buenas artes. Cuánta emoción siento cada vez que leo aunque sea una carta suya, las tengo guardadas, al igual que sus correos porque es pura literatura. Un día escribiré de las personas especiales que he conocido a lo largo de mi vida. A veces me he sorprendido pensando en que todo hubiese sido distinto sin ellas. Hace más o menos un año me propuse contactar con aquellas que perdí en el camino, además de mantener las que nunca se fueron de mi lado. Hoy he recuperado su esencia y, después de 20 años o más, parece que no ha pasado el tiempo, es como si nos hubiésemos visto la tarde antes para tomar café.
Dario Fo dijo: "Lo que te da la medida de cómo has vivido es lo que le va a faltar al mundo cuando tú ya no estés".
martes, 11 de enero de 2011
Vide Cor Meum
Con la música me pasa como con los olores: cuando la siento no sé nunca hasta donde me van a llevar mis sensaciones. El pensamiento se vuelve liviano y en segundos me transporta a otro lugar del pasado que fue o que pudo ser. Las emociones se muestran tan a flor de piel que el dolor físico se hace insoportable y el ahogo crece hasta alcanzar el llanto. También puede que sólo salga de este cúmulo de sensaciones un atisbo de sonrisa, al final y solo al final del pensamiento.
Entonces me cuesta dormir. La melodía suena al fondo, insiste en seguir con el desasosiego, viajando por mi mente.Tengo que hacer verdaderos esfuerzos para que caiga en el olvido. Estoy segura de que si no es así, dejará de ser especial . Solo la desbanca la imaginación que ya acude en mi ayuda mostrándome lo que pudo ser, cómo debería haber sido. Es quizás arrepentimiento, la desdicha heredada, la sombra del paso del tiempo. Aunque de la sensación de tristeza, no lo es, al menos del todo. Es como una especie de añoranza rodeada de la ponzoña del sueño.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Cuando llega la Navidad siempre experimento la misma sensación: el paso del tiempo. Cada año recuerdo otras fiestas y empiezo -¿cómo no?- por las más lejanas, las que pasaba en casa de mi tía Amparo y mi tío Rafael donde mi madre trabajaba. Me veo subiéndome en una silla para ver un inmenso Belén que hacia volar mi imaginación siglos atrás en un intento de comprender la vida de los pastorcillos o el camino de tres Reyes Magos. Me preguntaba de dónde vendrían, qué buscaban y por qué le traen al Niño Jesús oro, incienso y mirra. La verdad es que yo veía a un bebe desvalido, con mucho frío. Pensaba que le haría falta ropa y leche caliente o una de las tortillas cruditas metidas en uno de esos molletes que preparaba mi tía. Después de lucubrar un rato sobre la vida de todas las figuritas del Belén salía corriendo y buscaba algo que me sirviera de muñeco para arroparlo y mimarlo como si fuera ese Niño Jesús que a mi me parecía tan triste. No buscaba un muñeco porque tardé en tener uno, entonces a mi madre sólo le alcanzaba escasamente para darnos de comer y vestirnos. No era consciente de nada, el día sólo me alcanzaba para jugar e imaginar. Para esconderme detrás del tresillo de madera o meterme en el despacho de mi tío Juan donde una enorme máquina de escribir me llamaba a voces durante casi todo el día. Qué saben los mayores de lo que hace los niños en una casa antigua enorme y con tantos misterios. la casa de mi tía era mi castillo y lo único que tenía que hacer era evitar que los mayores supieran en cada momento donde me encontraba.
Me desvié y ahora quiero hablar de la Navidad. Después de esa primera época, mis recuerdos se centran en las vísperas. Siempre digo que de una fiesta me gusta más la víspera que el día concreto. La Navidad era para mi el olor a dulces, a cera roja, a rama de pino recién cortada y a alhucema. También a sábana limpia, a pelo recién lavado. Las calles olían a cisco y a leña, a invierno y el tiempo se paraba por unos días o, al menos, avanzaba más lentamente.
También llegó la época de la adolescencia con la emoción del primer amor que presentíamos único y eterno, el descubrimiento de un mundo más allá de la familia . En esta época llegaron las decepciones y los primeros finales, el miedo a lo desconocido y la canción: "Sacude el polvo de tu corazón, márcate un paso con la aurora. Cualquier tiempo pasado fue peor, somos más jóvenes ahora".
Una canción que hoy recuerdo con añoranza porque se acabó su luz y su verdad. El tiempo ahora corre imparable y no es mejor que el pasado. La vida se complica y ahora siento que tengo que aprovechar cada risa, cada rato de tranquilidad, cada beso, cada sobremesa, porque de pronto se rompe la rutina y el mundo que hasta ahora te ha acompañado, no es el mismo. Y la Navidad y las vísperas ya no sólo dependen de ti sino del destino. Ya no quieres imaginar una realidad mejor porque no te puedes esconder para vivirla. Ahora la mayor eres tu y ya hace tiempo que entendí que el Niño Jesús vuelve cada año en su desnudez y, a veces, cuando te paras frente al Belén para observarlo descubres un play móvil en su lugar.
Me desvié y ahora quiero hablar de la Navidad. Después de esa primera época, mis recuerdos se centran en las vísperas. Siempre digo que de una fiesta me gusta más la víspera que el día concreto. La Navidad era para mi el olor a dulces, a cera roja, a rama de pino recién cortada y a alhucema. También a sábana limpia, a pelo recién lavado. Las calles olían a cisco y a leña, a invierno y el tiempo se paraba por unos días o, al menos, avanzaba más lentamente.
También llegó la época de la adolescencia con la emoción del primer amor que presentíamos único y eterno, el descubrimiento de un mundo más allá de la familia . En esta época llegaron las decepciones y los primeros finales, el miedo a lo desconocido y la canción: "Sacude el polvo de tu corazón, márcate un paso con la aurora. Cualquier tiempo pasado fue peor, somos más jóvenes ahora".
Una canción que hoy recuerdo con añoranza porque se acabó su luz y su verdad. El tiempo ahora corre imparable y no es mejor que el pasado. La vida se complica y ahora siento que tengo que aprovechar cada risa, cada rato de tranquilidad, cada beso, cada sobremesa, porque de pronto se rompe la rutina y el mundo que hasta ahora te ha acompañado, no es el mismo. Y la Navidad y las vísperas ya no sólo dependen de ti sino del destino. Ya no quieres imaginar una realidad mejor porque no te puedes esconder para vivirla. Ahora la mayor eres tu y ya hace tiempo que entendí que el Niño Jesús vuelve cada año en su desnudez y, a veces, cuando te paras frente al Belén para observarlo descubres un play móvil en su lugar.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Construir tu memoria
Todo empezó el día que mi madre me confundió con su hermana pequeña. O quizás había empezado mucho antes. No sé. Me resulta extraño, casi inaceptable que mi madre pierda la memoria. Pero así es, irremediablemente. Cuando la confusión ocurrió pensé que nada volvería a ser igual. Desde ese momento no he dejado de recordar. Mi niñez o mi falta de ella y mi cruda adolescencia. Siempre he pensado que, de alguna manera, estaba viviendo en un mundo prestado. Ajena a todo lo que me rodeaba. Ahora estoy dispuesta a recordarlo construyendo la memoria de mi madre.
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